Cuba vuelve a estar en el centro de una tormenta energética con consecuencias políticas y regionales. En las últimas semanas, el gobierno estadounidense encabezado por Donald Trump ha endurecido su estrategia para cortar o encarecer el flujo de petróleo que llega a la isla, y el impacto se siente con fuerza: apagones más prolongados, restricciones de combustible y una economía que ya venía debilitada por la inflación, la escasez y la baja productividad.
La diferencia respecto a ciclos anteriores es que, ahora, el objetivo no parece ser solo sancionar a La Habana: Washington está presionando directamente a los países que mantienen viva la “línea energética” cubana, principalmente México y Venezuela. Con esto, la presión deja de ser bilateral y se convierte en un pulso de alcance regional, con fuerte carga política: Trump pretende “asfixiar” el abastecimiento petrolero que mantiene operativa a Cuba para obligarla a negociar en términos favorables para Estados Unidos.
Este nuevo capítulo se vuelve todavía más delicado porque toca tres puntos sensibles al mismo tiempo: la estabilidad interna cubana, el rol de México como actor regional autónomo, y la capacidad de Venezuela de sostener redes de exportación en medio de presiones externas.
Por qué Cuba depende tanto del petróleo extranjero
Aunque Cuba produce algo de crudo nacional, su capacidad energética depende mayormente de importaciones. La infraestructura eléctrica está envejecida, las termoeléctricas funcionan con baja eficiencia y el país necesita combustible constante para mantener operativos servicios esenciales y transporte.
La energía en Cuba no es solo un tema económico: es un asunto de gobernabilidad. Cuando faltan combustibles, la economía se frena, se encarece la cadena de suministros y aumentan las tensiones sociales. Por eso, el petróleo no es un insumo más: es una palanca política.
Con ese contexto, cualquier reducción en el suministro tiene un efecto inmediato. Apagones prolongados significan caída de producción, menos servicios, menor actividad comercial y más presión sobre la población.
Venezuela y México: los pilares del petróleo que llega a Cuba
En este tablero, Venezuela ha sido durante años un proveedor clave de petróleo y derivados para Cuba. En paralelo, México ha incrementado su importancia como abastecedor, convirtiéndose en una pieza central del “oxígeno energético” cubano.
Los datos divulgados recientemente por medios económicos apuntan a que, en los últimos meses, México y Venezuela concentraban la mayor parte de los envíos petroleros hacia Cuba. El detalle no es menor: si uno se corta, el otro se vuelve la última gran vía de abastecimiento.
Panorama aproximado del origen del petróleo importado por Cuba
| País proveedor | Participación estimada en importaciones petroleras de Cuba | Riesgo actual |
|---|---|---|
| México | 44% | Presión diplomática y comercial desde EE. UU. |
| Venezuela | 33% | Restricciones logísticas y presión directa de Washington |
| Rusia | 10% | Mayor distancia, costos logísticos y contexto geopolítico |
| Otros (incl. Argelia) | Menor | Oferta inestable y limitada |
Este escenario muestra lo que Washington entendió con claridad: si reduce los envíos desde Venezuela y presiona a México, Cuba queda prácticamente contra las cuerdas.
Qué está haciendo Trump para “cerrar el grifo” del petróleo a Cuba
La estrategia de Trump se apoya en un principio básico: Cuba no necesita ser atacada directamente si se puede cortar su abastecimiento desde terceros países. Para eso, la administración está intensificando el uso de:
- presiones diplomáticas abiertas
- mensajes políticos directos
- advertencias comerciales
- y la amenaza de sanciones o restricciones a redes que faciliten envíos
La idea es simple y contundente: cualquier actor que ayude a mantener el suministro energético cubano será tratado como parte del problema.
En el discurso político estadounidense, el petróleo venezolano (o facilitado por redes vinculadas a Venezuela) es considerado una extensión de un sistema “hostil” y, por lo tanto, un blanco legítimo de restricciones.
Venezuela: exportaciones, sanciones y el efecto dominó
Para Venezuela, vender petróleo no es solo una actividad económica: es la base de supervivencia del Estado y de su política exterior. Incluso con capacidad productiva limitada por deterioro industrial y falta de inversión, el país mantiene exportaciones vitales y alianzas energéticas.
Pero cuando Estados Unidos aumenta la presión sobre rutas petroleras venezolanas, el golpe no es simbólico: afecta directamente la capacidad de PDVSA y de intermediarios para operar. En un entorno de amenazas, bloqueos, controles marítimos y temor a sanciones, muchas compañías reducen la exposición al riesgo.
Y cuando el petróleo se vuelve peligroso de transportar, Cuba se queda sin su proveedor tradicional o lo recibe de manera irregular.
México: el actor que se vuelve decisivo y vulnerable
El rol mexicano es quizás el más complejo. México no solo es proveedor: también es socio comercial clave de Estados Unidos. Por eso, cuando Trump endurece el tono, el mensaje implícito es que la solidaridad energética con Cuba tendrá costos.
México está atrapado entre tres presiones:
- mantener su política exterior soberana
- evitar un choque frontal con Washington
- y sostener una narrativa regional de cooperación
En términos reales, el dilema mexicano no es ideológico solamente: es económico. Cualquier amenaza vinculada a acuerdos comerciales, negociación de tratados o condiciones bilaterales puede transformar la energía cubana en un punto de fricción.
Por eso, cuando México detiene o reduce envíos (aunque sea temporalmente), Cuba lo siente de inmediato, porque se trata de su principal proveedor en el corto plazo.
Cuba: “quedan días” y el temor de un colapso operativo
Fuentes económicas recientes han advertido que Cuba puede enfrentarse a un nivel crítico de reservas de combustible si los envíos se reducen simultáneamente desde Venezuela y México. La situación no es abstracta: se traduce en apagones, falta de transporte, retrasos logísticos y caída del comercio.
En una isla donde el turismo es clave y donde el sector privado informal creció para compensar la debilidad estatal, los apagones destruyen productividad y afectan el ingreso.
El peor escenario es el de espiral:
menos combustible → menos actividad → menos ingresos → menos capacidad de compra internacional → aún menos combustible.
El petróleo como arma política: por qué el objetivo es más amplio que Cuba
Lo que ocurre no es solo energía: es geopolítica. Estados Unidos quiere reordenar el mapa político del Caribe y parte de América Latina limitando recursos a gobiernos aliados de Cuba.
Cuba sigue siendo un símbolo. Para Trump, presionar a Cuba es también hablarle a su base electoral, reforzar una política exterior dura y marcar una separación clara frente a cualquier gobierno o actor regional que sostenga alianzas con La Habana.
Y ahí Venezuela entra como pieza clave. Cortar petróleo venezolano hacia Cuba significa debilitar simultáneamente a dos adversarios políticos en un solo movimiento.
Impactos económicos directos en Cuba
El impacto del “estrangulamiento petrolero” puede medirse en tres niveles:
Electricidad y servicios esenciales
El primer golpe es el sistema eléctrico. Más apagones implican más tensión social, más pérdida productiva y más presión sobre hospitales, escuelas y servicios públicos.
Transporte y distribución
Sin combustible, el transporte público se reduce, la logística se vuelve lenta y los precios suben. En Cuba, esto se nota de inmediato en alimentos y productos básicos.
Turismo y divisas
El turismo depende de servicios. Si hoteles y operaciones pierden capacidad energética, la calidad baja, llegan menos visitantes y entran menos dólares, lo que reduce la capacidad de importar energía.
Efectos regionales: migración, tensión diplomática y polarización
Cuando Cuba entra en crisis energética severa, el impacto no se queda en la isla. Puede reactivarse la presión migratoria y aumentar la tensión en rutas hacia Estados Unidos y países cercanos.
Además, se generan tensiones diplomáticas: México queda expuesto a presiones abiertas, y cualquier señal de cooperación con Cuba puede ser castigada en negociaciones comerciales.
Para América Latina, este tipo de crisis aumenta polarización. Unos gobiernos interpretarán la presión estadounidense como defensa de democracia; otros la verán como intervención y castigo colectivo.
Estadísticas que muestran la vulnerabilidad cubana
| Elemento crítico | Por qué importa | Qué ocurre si cae el suministro |
|---|---|---|
| Combustible para termoeléctricas | Sostiene la red eléctrica | Apagones masivos |
| Diésel para transporte | Mantiene movilidad y distribución | Desabastecimiento y precios al alza |
| Derivados para industria | Sostiene producción local | Caída de producción y empleo |
| Energía para turismo | Aporta divisas | Menos ingresos externos |
Este cuadro explica por qué el petróleo es una herramienta política: la energía sostiene todo lo demás.
Qué puede hacer Cuba si México y Venezuela reducen envíos
Cuba tiene alternativas, pero cada una es difícil:
- comprar más petróleo a Rusia u otros países: implica costos, logística y disponibilidad
- negociar acuerdos puntuales con nuevos proveedores: toma tiempo
- reducir consumo interno: implica apagones y recesión
- reabrir canales con EE. UU.: políticamente complejo
En un contexto donde Trump exige “cero” petróleo hacia Cuba desde Venezuela y donde México está bajo presión, la salida más realista para Cuba sería diversificar proveedores, pero eso no se logra rápido.
Conclusión: una crisis energética que puede redibujar la política regional
El intento de Trump de estrangular el suministro petrolero a Cuba usando como punto de presión a Venezuela y México marca una fase distinta del conflicto. Ya no es una relación directa Washington–La Habana: es una estrategia de cerco regional.
Si Venezuela pierde capacidad de exportación hacia la isla y México reduce envíos por presión política, Cuba enfrentará un shock de energía que podría reactivar crisis social, caída económica y tensión migratoria.
A la vez, México se convierte en el actor que definirá el corto plazo: su postura puede retrasar o acelerar un escenario crítico para La Habana. Y Venezuela, debilitada en su capacidad operativa, seguirá siendo un foco central de conflicto energético y político.
En este contexto, el petróleo deja de ser solo combustible: se convierte en herramienta de poder. Y el Caribe, una vez más, queda como escenario de una disputa donde economía, ideología y estrategia internacional se mezclan con consecuencias reales para millones de personas.