La mayoría de los estadounidenses se opone a la intervención militar de EE. UU. en Venezuela y Groenlandia

En Estados Unidos, un nuevo panorama de opinión pública está cobrando fuerza en medio de intensos debates sobre el papel global del país. A raíz de los movimientos militares más recientes, especialmente los relacionados con Venezuela, y las propuestas sobre Groenlandia, una mayoría significativa de ciudadanos estadounidenses manifiesta rechazo a la idea de que su país recurra a la fuerza militar para intervenir o anexar territorios extranjeros.

Las encuestas recientes, realizadas en las primeras semanas de 2026, muestran que mientras las élites políticas debaten y el gobierno federal discute estrategias estratégicas y diplomáticas, los ciudadanos parecen tener claro qué tipo de política exterior desean: una más cauta, menos centrada en la fuerza y más enfocada en problemas internos. Este rechazo se da en un momento histórico donde el mundo observa a Estados Unidos redefinir su rol geopolítico en un contexto fracturado de tensiones globales, rivalidades de poder y presiones domésticas por recursos, seguridad y prioridades socioeconómicas.

El pulso de la opinión pública estadounidense

La opinión pública en Estados Unidos refleja un crecimiento en la oposición al uso de la fuerza fuera de las fronteras nacionales. Según sondeos realizados entre principios y mediados de enero de 2026, una mayoría de adultos rechaza claramente la idea de intervenciones militares para ocupar territorios, cambiar gobiernos o expandir la influencia a través de medios coercitivos. Más allá de las diferencias partidistas tradicionales, existe un consenso generalizado en la cautela frente a las acciones militares, incluso en casos tan complejos como Venezuela o propuestas tan polémicas como tomar control de Groenlandia.

En el caso de Groenlandia, más de siete de cada diez estadounidenses están en contra de que su país utilice la fuerza para tomar control de la isla, incluso si el presidente en ejercicio promueve la idea como parte de una estrategia de seguridad nacional. Este fuerte rechazo se extiende más allá de las líneas partidistas tradicionales, con mayoría de demócratas, independientes y una proporción importante de republicanos repudiando explícitamente la idea de una intervención militar para anexar territorios. Al mismo tiempo, en el caso de Venezuela, aunque hay mayor división, una parte considerable de la población también muestra reservas sobre una intervención prolongada o sobre el control directo de gobierno o recursos.

¿Qué piensan los estadounidenses sobre Venezuela?

La intervención estadounidense en Venezuela, que incluyó acciones militares que culminaron en la captura del presidente Nicolás Maduro, captó la atención internacional y generó un intenso debate interno. En términos de percepción pública, los estadounidenses parecen divididos respecto a la intervención directa del ejército, pero tienden a oponerse fuertemente a la idea de que Estados Unidos asuma de forma prolongada o permanente la gestión de Venezuela o explote sus recursos sin consentimiento.

Distintas encuestas señalan que aproximadamente la mitad de los estadounidenses se opone a la intervención militar, y una mayoría mayor aún desaprueba la idea de correr riesgos prolongados en un país extranjero, especialmente si ello implica despliegue sostenido de tropas, ocupación o control de territorios. Aunque algunos ciudadanos creen que acciones bien definidas pueden tener efectos positivos —por ejemplo, en la lucha contra el narcotráfico—, el rechazo general a que Estados Unidos se convierta en un actor ocupante o administrado es palpable.

Groenlandia como caso emblemático de rechazo

Quizás uno de los ejemplos más claros del rechazo público a acciones militares es la reacción frente a los planes propuestos para Groenlandia. La isla, que es un territorio autónomo bajo la soberanía del Reino de Dinamarca, ha sido mencionada en debates políticos sobre su valor geoestratégico y recursos naturales. Sin embargo, las encuestas muestran de forma consistente que alrededor de tres cuartas partes de los estadounidenses se oponen a que su país utilice la fuerza militar para “tomar” la isla, y un porcentaje similar es reacio incluso ante la idea de debatir esa posibilidad.

Este amplio rechazo no es exclusivo de un solo grupo demográfico o ideológico, sino que se extiende más allá de las tradicionales líneas de partido. Pese a que ciertos sectores políticos y algunos políticos prominentes puedan defender o al menos plantear estas ideas como parte de una estrategia geoestratégica más amplia, el electorado parece reclamar un enfoque más prudente.

¿Por qué se oponen los estadounidenses?

El rechazo estadounidense a la intervención militar en el extranjero se basa en varias motivaciones que se manifiestan de forma consistente en las encuestas:

  • Prioridades domésticas: Muchos ciudadanos consideran que los recursos y la atención deberían dirigirse a asuntos internos, como la atención sanitaria, la educación, la crisis del costo de vida y la infraestructura. La idea de enviar tropas o recursos a conflictos lejanos resulta cada vez menos atractiva para una población que percibe desafíos enormes en casa.
  • Sospechas sobre motivos reales: Existen dudas entre la población sobre los motivos reales detrás de una intervención militar o de la expansión territorial. Algunos estadounidenses sospechan que se busca acceso a recursos naturales o ventajas geopolíticas en lugar de objetivos humanitarios claros.
  • Experiencias históricas: Las lecciones de conflictos anteriores, como las intervenciones en Irak, Afganistán o Libia, han moldeado la percepción pública, generando una mayor aversión a operaciones largas que se convierten en “guerras sin fin” sin resultados claros.
  • Neutralidad y estabilidad global: Existe una corriente de pensamiento entre los ciudadanos que valora la estabilidad global mediante la diplomacia y la cooperación internacional, en lugar de una política exterior basada en el uso de la fuerza.

División partidista: matices en la oposición

Aunque la mayoría de los estadounidenses se muestran opuestos a la intervención militar, las encuestas también revelan matices significativos entre distintos grupos políticos. Por ejemplo, dentro del Partido Republicano hay segmentos que tradicionalmente han apoyado el uso de la fuerza para proteger intereses de seguridad, mientras que demócratas e independientes tienden a estar más alineados con la idea de una política exterior menos intrusiva.

Incluso así, cuando se trata de cuestiones tan claras como la ocupación de Groenlandia por la fuerza, la oposición supera las expectativas incluso dentro del electorado conservador. Esto sugiere que aunque la división partidista influye en opiniones específicas, el rechazo al uso del poder militar para expandir territorio es más amplio que las líneas partidistas tradicionales.

Consecuencias para la política exterior de Estados Unidos

La fuerte oposición pública plantea un desafío significativo para la Casa Blanca y el Congreso, especialmente cuando la administración busca justificar acciones diplomáticas o militares en el extranjero. La presión del electorado puede limitar la capacidad del gobierno para implementar estrategias agresivas, incluso cuando los líderes políticos sostienen argumentos de seguridad nacional o influencia global.

Además, esta resistencia popular influye en la posición de Estados Unidos en foros internacionales, donde aliados y adversarios observan no solo las decisiones oficiales, sino también la opinión pública que las respalda o las cuestiona. Un país cuya población rechaza ampliamente el uso de la fuerza puede verse con menos margen de maniobra para operar sin respaldo multilateral.

¿Qué mensaje envía Estados Unidos al mundo?

En medio de estos debates, la voz de la mayoría estadounidense parece clara: Estados Unidos debería ser más cauteloso con sus intervenciones militares, y cualquier uso de la fuerza debe estar cuidadosamente justificado. El creciente rechazo a las intervenciones sugiere una posible reconfiguración del enfoque de política exterior estadounidense, que podría inclinarse más hacia el diplomático que hacia el militar.

Para los líderes globales, esta tendencia implica un mensaje: incluso la potencia militar más fuerte del mundo enfrenta límites internos que moldean su capacidad de acción internacional. El equilibrio entre postura militar y diplomacia será determinante para el papel de Estados Unidos en los próximos años.

Conclusión: una opinión pública que redefine prioridades

Las encuestas recientes muestran que la mayoría de los estadounidenses se opone a intervenciones militares como la ocupación de Venezuela o el uso de fuerza para tomar Groenlandia, reflejando un profundo escepticismo sobre el papel global de su país basado en la fuerza. En un contexto donde cuestiones internas, económicas y sociales reclaman atención, el electorado estadounidense parece decidir que la política exterior debe reorientarse hacia estrategias menos beligerantes.

Este cambio de opinión pública no solo influye en la política nacional, sino que proyecta un impacto tangible en cómo Estados Unidos es percibido en el mundo y cómo puede actuar en los años venideros. Frente a un escenario global cada vez más complejo, la voz de los ciudadanos redefine las prioridades y los límites del poder militar estadounidense.

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