En un giro singular dentro de la tensa relación entre Nicolás Maduro y Donald Trump, el gobierno venezolano hizo un llamado a sus ciudadanos para que participen en una acción “simbólica” en redes sociales para defender lo que consideran la integridad territorial y la identidad nacional del país. Esta iniciativa llega después de que Trump compartiera una publicación en redes que provocó malestar en Caracas, avivando la discusión sobre soberanía, representación y el uso de plataformas digitales en disputas diplomáticas internacionales.
El origen de la controversia digital
Todo comenzó con una publicación en la red social del expresidente Trump en la que aparecía una imagen modificada mostrando banderas estadounidenses sobre el mapa de Venezuela, así como partes de Canadá y Groenlandia. La ilustración alterada fue interpretada por las autoridades venezolanas como una forma de desinformación y un ataque simbólico contra la soberanía del país, lo que llevó al gobierno a reaccionar con una propuesta inusual: que la población republicara el mapa oficial de Venezuela en sus cuentas de redes sociales como forma de respuesta colectiva.
En la respuesta oficial, Caracas no solo rechazó la publicación como engañosa, sino que la usó como pretexto para reafirmar su postura sobre el territorio que considera propio, incluyendo regiones reclamadas como el Esequibo, una extensa área fronteriza que históricamente ha sido objeto de disputa con Guyana, aunque no es reconocida internacionalmente. El llamado a publicar el mapa oficial fue descrito por funcionarios como un gesto de unidad nacional y una forma de contrarrestar lo que calificaron de “desinformación”.
La acción simbólica: ¿qué propone Caracas?
La convocatoria gubernamental instó a los venezolanos a compartir el mapa oficial de su país en plataformas como Twitter, Facebook, Instagram y otras redes sociales importantes. El objetivo, según el comunicado estatal, fue fortalecer la imagen y los reclamos territoriales venezolanos en el ámbito digital y desafiar narrativas externas que puedan interpretarse como una minimización o reinterpretación de su territorio y su identidad nacional.
Más allá de ser simplemente una acción visual, las autoridades describieron esta campaña como un acto de unidad cívica y patriótica, dirigido a movilizar el sentimiento nacional en un momento en que Venezuela se encuentra en el centro de tensiones geopolíticas complejas con Estados Unidos y otros actores internacionales. La campaña también incluyó el uso de hashtags coordinados, mensajes oficiales con lenguaje diplomático y líneas de comunicación destinadas a evitar la escalación de conflictos en las plataformas digitales.
El contexto de la disputa
Este episodio no surge en un vacío; se ubica dentro de una relación cada vez más volátil entre Caracas y Washington. A comienzos de enero de 2026, Estados Unidos llevó a cabo una operación militar para capturar al presidente Maduro, un suceso que desencadenó enfrentamientos diplomáticos e incluso muertes según las autoridades venezolanas, que denunciaron el ataque y lo calificaron como una violación de la soberanía nacional.
Tras ese operativo, la administración Trump señaló que Estados Unidos planeaba jugar un papel importante en la dirección futura de Venezuela, en particular en la administración de sus recursos petroleros. La vicepresidenta interina, Delcy Rodríguez, ha buscado establecer canales diplomáticos con Washington, y se llegó a un acuerdo por el cual los ingresos petroleros venezolanos se canalizan a cuentas bancarias controladas por bancos estadounidenses como parte de los términos negociados tras la detención de Maduro.
En medio de este clima, las redes sociales se han convertido en un campo simbólico de batalla. El poder de una imagen, las narrativas digitales y la percepción pública global se han vuelto elementos estratégicos en la disputa por la legitimidad y la representación internacional.
Qué representa el mapa oficial
El mapa que el gobierno venezolano instó a difundir incluye no solo los límites territoriales internacionalmente reconocidos, sino también zonas que Venezuela reclama como parte de su territorio, específicamente el Esequibo. Esta reclamación, que abarca cerca de dos tercios del territorio de Guyana, no ha sido validada por la mayoría de los países ni por organismos internacionales, pero es un componente central del discurso nacionalista venezolano.
El uso de este mapa en redes sociales tiene la intención de visibilizar y reafirmar las aspiraciones territoriales venezolanas ante un público global, y al mismo tiempo responder a lo que Caracas considera una distorsión de la realidad geográfica del país.
Reacciones internas y participación ciudadana
La campaña de acción simbólica generó una amplia gama de respuestas dentro de Venezuela. Muchos ciudadanos participaron compartiendo el mapa oficial, a menudo acompañado de mensajes de unidad, orgullo nacional y defensa de la soberanía. Grupos civiles, organizaciones culturales y figuras públicas también se sumaron al movimiento digital, promoviendo la idea de que la acción era un gesto pacífico y constructivo en un contexto de tensión internacional.
Sin embargo, también surgieron voces críticas, tanto dentro como fuera del país, que cuestionaron la efectividad de una campaña enfocada en las redes sociales. Algunos analistas señalaron que, aunque las acciones digitales pueden generar visibilidad y cohesión interna, no sustituyen soluciones políticas o diplomáticas concretas que aborden los conflictos reales entre Estados Unidos y Venezuela.
El papel de las redes sociales en la política contemporánea
El episodio es un ejemplo claro de cómo las redes sociales han trascendido su función original de plataformas de interacción social para convertirse en herramientas poderosas de política, diplomacia y comunicación estratégica. En un entorno globalizado, una publicación en una plataforma puede generar reacciones en gobiernos, movilizar a millones de personas y hasta influir en debates internacionales sobre soberanía y territorialidad.
Países de todo el mundo han experimentado con campañas digitales para defender su imagen, proyectar narrativas oficiales o responder a percepciones externas. La iniciativa venezolana se inscribe en esta tendencia, mostrando que incluso acciones simbólicas pueden tener repercusiones amplias cuando se coordinan a gran escala.
Implicaciones diplomáticas y geopolíticas
La convocatoria a una acción simbólica en redes sociales no solo tiene un impacto en el ámbito digital, sino que también refleja las tensiones existentes entre Caracas y Washington. Una simple imagen alterada por un líder mundial desencadenó una respuesta oficial que mezcla diplomacia, identidad nacional y política interna.
En un momento en que Venezuela enfrenta desafíos en su economía, su estabilidad política y su posición en el sistema internacional, cada gesto público —incluso los digitales— se interpreta como parte de un juego más amplio de legitimación y resistencia.
La respuesta del gobierno venezolano también envía un mensaje a la comunidad internacional: la soberanía y la representación territorial no pueden ser trivializadas ni reinterpretadas unilateralmente, y cualquier intento de hacerlo será enfrentado con iniciativas que busquen reafirmar la narrativa oficial del país.
Valor simbólico y narrativa nacional
Desde Caracas, las autoridades han enfatizado que la campaña no era confrontacional ni beligerante, sino una forma de defender la identidad nacional contra lo que consideraron una provocación simbólica. Al promover el uso de símbolos oficiales —como el mapa y la bandera—, el gobierno buscó canalizar sentimientos de unidad y orgullo entre los ciudadanos, al mismo tiempo que transmite al mundo su rechazo a lo que percibe como acciones desinformativas o despectivas por parte de figuras extranjeras.
El futuro de la disputa digital
Mientras Venezuela y Estados Unidos continúan maniobrando en arenas diplomáticas, económicas y políticas, el uso de las redes sociales como un instrumento de reivindicación y disputa muestra que los conflictos contemporáneos no se limitan a las fronteras físicas o a los foros oficiales. Las narrativas digitales pueden fortalecer la cohesión interna, proyectar una imagen internacional y convertirse en un nuevo frente donde se libran batallas simbólicas.
En última instancia, la acción simbólica promovida por Venezuela tras la publicación de Trump es un ejemplo de cómo un país puede intentar transformar una provocación digital en un acto de unidad nacional, utilizando las mismas herramientas de comunicación global que muchos gobiernos y líderes ahora manejan con creciente sofisticación.
Este episodio ilustra que, en la era digital, las líneas entre diplomacia, comunicación política y activismo ciudadano se entrelazan, enfrentando a las naciones a nuevas formas de negociación simbólica en un mundo donde una imagen puede desencadenar respuestas con eco internacional.